Nuestra Historia

 

 

Todo comenzó en 1990, en el corazón del Centro Histórico de la Ciudad de México. Inspirados por el poder de la naturaleza y el deseo de llevar bienestar a más personas, comenzamos a compartir productos naturales de extraordinario valor medicinal, elaborados a partir del conocimiento ancestral de la herbolaria mexicana.

 

Fue así como nació nuestra marca: El Encino, una línea de productos desarrollada con respeto, ciencia y tradición. Desde nuestros inicios, comprendimos que no solo se trataba de ofrecer aceites, suplementos o alimentos naturales, sino de enseñar a las personas cómo usarlos, para qué servían y de dónde venían.

 

Por eso, desde los primeros años, abrimos espacios de capacitación para nuestros clientes. Queríamos que el conocimiento estuviera al alcance de todos. Más allá del producto, nos movía el propósito de compartir sabiduría herbolaria. Pronto empezamos a participar en programas de radio y televisión, y a visitar comunidades lejanas, llevando salud, educación y herramientas para transformar vidas.

 

Fue en ese andar que descubrimos algo aún más profundo: las personas no solo querían curarse, también querían aprender, crecer y ayudar a quienes las rodeaban. Así llegamos al desarrollo humano, y comprendimos que la salud verdadera incluye también el alma y el espíritu.

 

En 1998, ese aprendizaje tomó forma concreta con la creación del Colegio Encino de Educación Universitaria en Modelos Alternativos. Nació como un espacio de enseñanza viva, con enfoque en la salud holística, la inclusión social y la excelencia profesional.

 

Mientras tanto, los productos El Encino seguían evolucionando, siempre fieles a sus raíces naturales. Hoy en día, puedes encontrarlos a tu disposición en diferentes presentaciones: aceites esenciales, suplementos herbales y alimentos funcionales, todos elaborados con la más alta calidad, integrando ciencia, tradición y respeto por el entorno.

 

En CEEUMA, seguimos comprometidos con la educación consciente y el bienestar integral. Creemos en formar seres humanos que se transformen a sí mismos mientras adquieren conocimientos, porque sabemos que primero es el ser, luego el hacer y finalmente el tener.

 

Somos un semillero de luz, deseando que esa luz crezca, se comparta y trascienda.

 

 

Gracias a cada persona que ha caminado con nosotros. Gracias por confiar, por aprender y por enseñarnos también.